Momentos mágicos
En contraste con las aventuras y ensayos están los casos de tremenda hospitalidad que les demostraron las personas locales a lo largo de la ruta. Una y otra vez, perfectos desconocidos invitaron a los “ciclistas de agua” a compartir una comida, les ofrecieron un lugar para dormir y les dieron regalos. Y eso significó sorpresas todos los días. “En la mañana nunca sabíamos si íbamos a acampar afuera o a ser tratados como reyes por una familia en su casa”, recuerda Jon. Y a pesar de las duras condiciones climáticas, el desierto también les mostró a los viajeros su lado lindo. “Una tarde pusimos las carpas entre las dunas de arena en el desierto Taklaman”, dijo Micheil. “Nos sentamos en frente de las carpas, tomamos té y miramos el atardecer sobre las dunas. Fue un momento mágico. Ver un paisaje tan lindo rodeado de silencio absoluto y a muchos kilómetros de la civilización, nos hizo dar cuenta de lo privilegiados que somos y por qué queríamos ver el viaje hasta el final.
Comida exótica en Asia Central
Los estómagos de los aventureros a menudo hacían ruido mientras andábamos largas distancias a través de países extranjeros. Después de todo, ellos tuvieron que comer lo que el pueblo local les ofrecía. Jon se estremece al recordar algunas comidas: “Un pedazo de hueso cocido con papa, sopa de fósforos quemados, cabezas de ovejas y patas de pollo cocinadas son algunas de las especialidades culinarias que estaban en el menú”. En repetidas ocasiones la comida desconocida y la higiene inadecuada también se convirtieron en un problema gastrointestinal, que una vez detuvo a los ciclistas en la frontera con China, dejándolos incapaces de continuar su viaje por algunos días. Ahí fue donde la pareja tuvo que tomar simultáneamente las pendientes más inclinadas y los pases de montaña más altos. “Pero fue lo más lindo de todo, así que valió la pena”, dijo Micheil. “Los picos nevados de las montañas de Pamir nos rodeaban en todos los lados, algunos picos impresionantes eran de más de 7.000 metros de altura!”
Dos bicicletas robustas
La excelente calidad de las bicicletas utilizadas por Jon y Micheil durante su tour de larga distancia, realmente se hizo evidente bajo extremas condiciones incluyendo empinados caminos de montaña y arena de desierto. A pesar que los británicos estaban frustrados con regularidad por los neumáticos desgastados, tenían un kit de reparación que les permitió reparar hasta los rayos ellos mismos. El único momento en el que necesitaron un mecánico fue cuando se rompió el soporte del pedal en Turquía. La bicicleta de Micheil tenía una característica inusual: en vez de una cadena, una correa dentada proporciona la propulsión de la bicicleta. “La mayor ventaja de no tener una cadena es que la correa no tiene que ser engrasada”, dice Micheil, añade con una sonrisa que “cuado Jon tuvo que reparar un pinchazo en su neumático trasero, se llenó de aceite. Yo no tuve ese problema”.

