Una aventura en el desierto
Pero las cosas no fueron siempre tan cómodas en los 17.000 kilómetros de ruta. Cuando se les preguntó si las temperaturas heladas en la montaña cerca de los 4.000 metros fueron demasiado para ellos, ambos jóvenes dijeron que no era tan malo. Ellos experimentaron muchas heladas y noches ventosas, por ejemplo, en la meseta de Qinghai en China, donde sus carpas se cubrieron de hielo. “Estas dificultades menores no son nada comparado ¡con el ardiente calor del desierto!”. En Irán, por ejemplo, Jon y Micheil lucharon contra un constante viento en contra, tormentas de arena y calor sofocante. “Tuvimos que trabajar más duro de lo que jamás hubiésemos imaginado”, recuerda Micheil. “Hay días que salimos al amanecer y a las 11.00 a.m. ya hacía demasiado calor como para seguir andando. Luego de andar por unos minutos, sentíamos la boca y la garganta, y hasta incluso los ojos, secos”.
No hay lugar para andar en bicicleta
Para cuando llegaron a Irán, los dos amigos tuvieron que tomar hasta nueve litros de agua por día. Pero en Turkmenistan, la escasez de agua y el calor los tuvo al borde de la insolación. “Entonces, luego de que de alguna manera llegamos a Uzbekistan, yo estaba tan mareado debido al intenso calor, que tuve que acostarme bajo el primer árbol que vi y esperar a que la ola de náuseas y debilidad disminuyera. Fue realmente aterrador”, dijo Micheil. “Jon se paró al costado de la autopista y hacía señas a los camiones para pedirles agua. Desafortunadamente, la mayoría de las botellas que nos daba la gente contenía agua sucia de río”. Esto fue una verificación de la realidad y una mayor toma de conciencia de los ciclistas sobre el problema del agua, que los llevó a proteger su salud con más cuidado.
Agua, un recurso valioso
Las dos recaudaciones de fondos fueron enfocadas al asunto del agua. Ellos comenzaron a notar diferencias luego de irse de Europa. “Había estaciones de agua potable en la mayoría de las ciudades iraníes”, dijo Jon. “Pero entrando en Turkmenistan la situación cambió dramáticamente. A tal punto que vimos a un hombre tomando agua de un río contaminado, en el cual había un perro muerto flotando a unos metros”. Muchos habitantes de Asia Central utilizan sus ríos como bebederos para el ganado, para el lavado y como canales de agua residual. Jon y Michel estaban asombrados. “No hablamos con las personas, así que no fuimos capaces de averiguar si ellos simplemente no podían pagar por agua fresca o si no tenían conocimientos de higiene”. El momento más depresivo del viaje fue también un resultado de abastecimiento inadecuado de comida y agua: “en China vimos a un hombre al costado de la autopista que estaba medio muerto entre sed y hambre, y la gente que pasaba ni se fijaba en él”, recuerda Micheil. Ellos le dieron comida y agua de sus reservas. Luego de un rato, sin embargo, ellos tuvieron que continuar. “Esa fue una experiencia muy triste y conmovedora”.


